La música y la danza son comportamientos profundamente arraigados en la naturaleza humana, capaces de generar un impacto significativo en las personas y en la construcción de la cultura. La capacidad de crear música se considera una característica universal, aunque existen excepciones que desafían esta percepción.
Un ejemplo de estas singularidades es el caso de una comunidad indígena de cazadores-recolectores, los Aché del norte, con quienes convivieron durante más de 40 años los antropólogos Manvir Singh y Kim Hill. Su investigación reveló una ausencia notable de prácticas musicales y de danza.
En esta comunidad no se baila. No hay canciones colectivas, ni celebraciones musicales, ni rituales coreográficos. Y lo más desconcertante: no existen canciones de cuna. Las madres cuidan y juegan con sus hijos, sí, pero nunca les cantan para calmarlos o dormirlos.
La explicación a esta particularidad, según el ámbito académico, podría residir en una crisis demográfica que interrumpió la transmisión cultural. Esta situación no solo llevó a la pérdida de conocimientos esenciales para la supervivencia, como la capacidad de hacer fuego, sino también a la desaparición de expresiones como la sonrisa y el lenguaje corporal, que suelen surgir con la música.
En contraste con esta realidad, la Biblioteca Municipal Jorge Martínez Reverte de Bustarviejo ofreció una experiencia musical enriquecedora. El pasado 25 de abril, con motivo del Día del Libro, acogió un concierto de Transoceánica Coral, bajo la dirección de Marina Peñuelas. El evento fue un éxito, destacando el canto de las coristas y el vínculo afectivo que se creó entre el público y los libros.
La actividad fue impulsada por la Asociación El Bustar, a quienes se agradece su iniciativa, así como a Transoceánica Coral por fomentar la comunidad y a todos los asistentes por su participación.




