A tan solo 30 minutos del centro de Madrid, escondido entre jardines históricos y un extenso entorno natural, se encuentra el Palacio del Infante Don Luis, uno de los conjuntos palaciegos más singulares y desconocidos de la Comunidad de Madrid. Tras siglos de silencio, el edificio vive una segunda vida gracias a un ambicioso proceso de restauración y dinamización cultural que aspira a convertirlo en un gran foco patrimonial y artístico del oeste madrileño.
Diseñado por Ventura Rodríguez por encargo del infante Don Luis Antonio de Borbón y Farnesio, hermano de Carlos III, el palacio es una destacada representación del tardo-barroco y el neoclasicismo español del siglo XVIII. Declarado Monumento Nacional en 1974 y Bien de Interés Cultural, el conjunto encarna el espíritu ilustrado de una época marcada por el arte, la música y la arquitectura.
El concejal de Patrimonio Histórico y Turismo del Ayuntamiento de Boadilla del Monte, Javier Nicolás, destaca su importancia: “Tiene toda la configuración de un gran conjunto palaciego: jardines, huertas, estanque, noria, sistema hidráulico… todo ello le da una enorme importancia dentro del patrimonio histórico madrileño”. La historia del palacio se remonta a 1761, cuando el infante adquirió el señorío de Boadilla y encargó a Rodríguez la creación de una residencia moderna sobre el antiguo Palacio de las Dos Torres.
Las investigaciones y trabajos de restauración han confirmado que Ventura Rodríguez construyó sobre parte del edificio anterior y luego lo amplió, añadiendo interés histórico y arquitectónico al conjunto. El resultado es un edificio de planta rectangular alargada, sobrio en apariencia pero concebido con esmero, cuya fachada principal se organiza en tres cuerpos y se remata con pequeños torreones. Construido en ladrillo revocado en tonos rosados y piedra ornamental, transmite equilibrio y monumentalidad.
El complejo fue concebido como un espacio abierto a la naturaleza, integrado en un sistema de jardines aterrazados, huertas y estanques que prolongaban visualmente la arquitectura hacia el entorno. Entre 1765 y 1776, el palacio fue un centro cultural de la España ilustrada, frecuentado por figuras como el músico Luigi Boccherini, el pintor Francisco de Goya y otros artistas vinculados a la corte. Se cree que pudo albergar obras como el 'Cristo crucificado' de Velázquez.
El infante Don Luis, hermano menor de Carlos III, vivió una vida alejada de las convenciones cortesanas, marcada por tensiones políticas y personales. Su deseo de casarse, impedido inicialmente por el rey por temor a los derechos sucesorios de sus hijos, culminó en matrimonio a cambio de su apartamiento de la corte. Esta historia contribuye al aura singular del palacio.
Dentro del palacio, la capilla destaca por su arquitectura maravillosa, considerada una de las obras más importantes de Ventura Rodríguez. Representa un ejemplo extraordinario del neoclasicismo español con influencia barroca romana, utilizando mármol, estucos y bronce para una rica decoración que contrasta con la sobriedad exterior. Su cúpula recuerda a las grandes arquitecturas italianas de Bernini y Borromini.
Tras la muerte del infante, el palacio perdió protagonismo y entró en decadencia. El Ayuntamiento de Boadilla del Monte adquirió el edificio en 1999, iniciando una lenta recuperación que se aceleró a partir de 2011. Se han desarrollado actuaciones continuadas en jardines, huertas, cocinas y espacios interiores, incluyendo la restauración del ala este y las antiguas cocinas, donde aparecieron galerías subterráneas.
La Comunidad de Madrid ha participado en diversas actuaciones de conservación, consolidando estructuras y restaurando elementos históricos. La recuperación también ha incluido la Casa de Aves y el Gallinero histórico, rehabilitados como espacios auxiliares. La Casa de Aves es un caso único en España, diseñado para albergar animales vivos en un complejo palaciego.
El proyecto de recuperación continúa con una nueva fase centrada en la carpintería exterior, cubiertas y consolidación estructural, con el objetivo de restaurar el edificio al cien por cien. El plan global contempla inversiones cercanas a los 20 millones de euros.
El objetivo final es convertir el palacio en un gran centro cultural y patrimonial. "Queremos transformarlo en un centro cultural de primera línea en la Comunidad de Madrid", afirma Javier Nicolás. "Ese es el gran reto".
El palacio se ha convertido en un recinto cultural vivo, acogiendo exposiciones, conciertos, visitas teatralizadas y actividades familiares. "Nos enfocamos mucho en las familias", explica Nicolás. "Queremos que la gente venga a pasar el día a Boadilla, disfrute del patrimonio, de la gastronomía, del monte y de toda la oferta cultural".
Entre las actividades destacan las visitas guiadas y teatralizadas. La programación expositiva incluye actualmente la muestra 'Matisse. El color como lenguaje', con más de cincuenta piezas de obra gráfica del artista francés. También alberga exposiciones de pintura, fotografía y arte contemporáneo.
Eventos como el Belén Napolitano Goyesco han experimentado un gran crecimiento, pasando de 4.000 a más de 28.000 visitas. Se suman festivales musicales como el Festival Luigi Boccherini, ferias del libro, conciertos de verano y recreaciones históricas.
Los jardines históricos acogen la Feria de Asociaciones, reuniendo colectivos locales y visitantes. El Ayuntamiento prepara nuevos proyectos expositivos permanentes, como una galería pictórica dedicada a los reyes de España realizada por el taller de Augusto Ferrer-Dalmau.
El Palacio del Infante Don Luis, antes un secreto patrimonial, ocupa ahora su lugar gracias a su rehabilitación y programación cultural. "Mucha gente se sorprende cuando descubre el palacio", concluye Javier Nicolás. "Nos dicen constantemente: ‘No sabíamos que existía algo así tan cerca de Madrid’".




