El congreso, organizado por el Departamento de Ciencias de la Comunicación Aplicada y codirigido por Khadija Ftah y Jorge Rodríguez-Moreno, se define como un espacio "desde la discapacidad, y no sobre ella", con un comité organizador y científico mayoritariamente compuesto por personas con discapacidad. Durante la inauguración, autoridades como Agustina Borrás López, presidenta de ASPACE Madrid, y Jesús Martín Blanco, director general de Derechos de las Personas con Discapacidad, destacaron la importancia de crear un entorno académico inclusivo y de apoyo.
El proyecto ACADIS, liderado por Carmen Márquez Vázquez y Laura Sanmiquel Molinero, señaló la falta de datos sobre cuántas mujeres con discapacidad emplean las instituciones académicas, lo que dificulta su progresión. Se reportaron casos de carreras sostenidas con recursos propios y bajas laborales por situaciones académicas adversas. "La inclusión tiene que ver con estar, pero también con progresar", afirmó Márquez, quien también subrayó que cuestionar el "capacitismo académico" beneficia a todos.
Las cifras presentadas indican que las personas con discapacidad representan apenas el 1,09 % de la plantilla docente e investigadora en las universidades españolas, y el 68 % de las instituciones carece de normativa específica para reservar plazas. José Antonio Rueda Monroy, profesor de Derecho del Trabajo, lamentó que, a pesar de que las plazas reservadas en programas como Juan de la Cierva o Ramón y Cajal se cubren, aún existan estudiantes con altas discapacidades que no pueden acceder a apoyos básicos por falta de presupuesto.
La socióloga Sophie Savage impartió la conferencia magistral "Epistemologías situadas: investigar desde la discapacidad", donde compartió su experiencia personal como objeto de estudio y abogó por metodologías de coproducción, involucrando a las personas con discapacidad en todas las fases de la investigación. "El codiseño es esencial; sin él, no tiene sentido", afirmó, elogiando el modelo de CIDID como "el estándar de oro" para futuros congresos.
Durante la mesa redonda "Identidad, transformación y activismo social y académico desde la discapacidad", ponentes como Melania Moscoso (Instituto de Filosofía, CSIC) rechazaron la "inclusión simbólica", declarando: "No queremos ser normales, no queremos ser incluidos, queremos ser investigadores". Juan Pablo Salazar, director de Inclusión de CAF, resumió que la existencia del congreso es "un indicador en sí mismo de que algo anda mal en la academia".
En la mesa sobre IA, realidad virtual y metaverso, David Sabaté, CEO de Tothom, advirtió que la IA genera por defecto páginas inaccesibles al aprender de contenidos mayoritariamente no accesibles, retrocediendo en accesibilidad web. Emiliano Díez Villoria, director del INICO, recordó la baja implementación del "diseño para todas las personas" en los grados de ingeniería.
El congreso también incluyó cuatro talleres prácticos. Uno de ellos, "Conceptualizando la discapacidad", propuso estudiar el capacitismo como sistema de poder. Otro abordó la divulgación científica mediante lectura fácil con apoyo de IA, validada por personas con discapacidad cognitiva. Se ofrecieron claves para la oratoria y el control del relato ante los medios, y un "Manual de supervivencia en la academia" con herramientas legales para exigir ajustes razonables.
En la clausura, se conectó con Colombia, donde María Isabel Pinzón Ochoa señaló que solo el 17 % de las personas con discapacidad accede a la educación superior. Rossana Cuervo Botero destacó la falta de evidencia en muchas acciones realizadas. El congreso, celebrado en formato híbrido con 440 asistentes y 141 comunicaciones presentadas de una veintena de países, se comprometió a continuar y replicarse internacionalmente.