La investigación, llevada a cabo por el Instituto de Ciencias Agrarias (ICA) y el Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP), ambos del CSIC, ha logrado crear nanopartículas que actúan como señuelos. Estas partículas se adhieren al aparato bucal del pulgón, impidiendo que los virus se fijen y sean transmitidos a otras plantas de forma no persistente.
Esta estrategia innovadora, publicada en la revista Annals of Applied Biology, aborda uno de los mayores desafíos en la agricultura: la rápida propagación de virus transmitidos por pulgones, que causan importantes pérdidas de cosechas. Los métodos tradicionales, como el control químico, resultan limitados debido a la velocidad con la que estos insectos actúan.
Los ensayos han demostrado una reducción de aproximadamente el 50% en la transmisión del virus del mosaico del nabo, el virus del mosaico amarillo del calabacín y el virus del mosaico del pepino. Los investigadores destacan que una nanopartícula diseñada a partir de un virus puede interferir con la transmisión de otros virus distintos, abriendo la posibilidad de extender la estrategia a una amplia gama de patógenos.
Las nanopartículas señuelo podrían producirse directamente en plantas modificadas genéticamente o aplicarse mediante pulverización sobre los cultivos. El CSIC ha solicitado una patente europea para proteger esta tecnología, que representa una alternativa prometedora a los insecticidas para combatir enfermedades virales en la agricultura.
El estudio ha contado con financiación del CSIC, la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.




