Los arrestados, que incluyen al propietario de los animales, el transportista y el receptor, se enfrentan a una investigación por un presunto delito de falsedad documental. Pretendían utilizar certificados falsos para justificar la operación, cuyo destino final era un matadero en Zaragoza, adonde los corderos nunca llegaron.
La investigación se inició a principios de mayo, cuando la Policía Municipal de Madrid observó la descarga de corderos en una parcela de la Cañada Real. Tras identificar al transportista y al receptor, se determinó que el ganado iba a ser vendido en la tradicional fiesta del cordero, celebrada el pasado 27 de mayo.
El Servicio de Ganadería del Gobierno regional solicitó apoyo al Seprona de la Guardia Civil. Una inspección integral reveló que los corderos, de unos cuatro meses de edad, carecían de crotales identificativos y que el transporte desde Guadalajara se realizó de forma irregular con documentación falsa.
Debido a la falta de garantías sanitarias, la Comunidad de Madrid ordenó el sacrificio de los 119 corderos intervenidos para prevenir la propagación de enfermedades contagiosas.




