La paulonia (Paulownia tomentosa), originaria de China y apreciada en Japón, destaca por su excepcional capacidad para absorber dióxido de carbono y producir oxígeno, superando a muchas otras especies. Se estima que un ejemplar captura unos 21,7 kg de CO₂ y libera 5,9 kg de O₂ diariamente, cifras entre cuatro y diez veces superiores a las de otros árboles.
Este árbol se adapta a suelos pobres o contaminados, contribuyendo a su regeneración y mejorando la permeabilidad y retención hídrica. Además, muestra una gran resistencia a la sequía y al fuego, soportando temperaturas de hasta 425 °C. Su resistencia a enfermedades y plagas, y su escaso atractivo para los mosquitos, son otros de sus beneficios. Tradicionalmente, se ha utilizado en la medicina china para tratar afecciones hepáticas y renales.
La paulonia es uno de los árboles de crecimiento más rápido. La tradición china asocia su plantación al nacimiento de niñas, utilizando su madera ligera y resistente para el ajuar nupcial. Históricamente, sus semillas secas se usaban para proteger porcelanas y sus fibras para relleno de almohadas. Sus grandes hojas y flores violetas le confieren un valor ornamental considerable.
Por su parte, el almez (Celtis australis), nativo de la cuenca mediterránea, es conocido en la Península Ibérica como lodón, nombre que comparte con la localidad madrileña de Torrelodones. Su tronco robusto, ramas armoniosas y copa amplia y redondeada ofrecen una sombra densa y fresca, ideal para el verano urbano. Sus frutos oscuros se empleaban antiguamente para elaborar licores y mermeladas.
Los árboles caducifolios, como el almez, son especialmente adecuados para las calles de Madrid, proporcionando sombra en verano y permitiendo el paso del sol en invierno. Junto al plátano de sombra, el almez crea entornos urbanos más confortables y ayuda a mejorar la calidad del aire, capturando contaminantes y mitigando el efecto isla de calor.
Otras especies como el tilo, el olmo, el arce, la paulonia, el ginkgo, acacias, el peral de flor, el árbol de los farolillos o el liquidámbar también merecen mayor presencia por su interés ornamental y beneficios ambientales. La elección adecuada de árboles es una inversión en salud, confort y calidad de vida, tan importante como la infraestructura urbana básica.




