El estudio, publicado en la revista Cell, detalla cómo la proteína Orb2, una proteína amiloide funcional necesaria para la consolidación y persistencia de la memoria a largo plazo, modifica progresivamente su estructura tridimensional a medida que la mosca envejece. Los investigadores han logrado reconstruir la evolución estructural de los agregados de Orb2 a lo largo de la vida adulta de la mosca Drosophila melanogaster, algo que hasta ahora no se había podido hacer con amiloides funcionales.
Los resultados sugieren que la forma que adoptan las proteínas y la capacidad de cambio de sus estructuras agrupadas están íntimamente ligadas a su función. Mientras que las conformaciones de Orb2 en moscas jóvenes favorecen la síntesis de proteínas cruciales para la consolidación de recuerdos, las estructuras que predominan en animales envejecidos pierden esta capacidad, lo que se asocia con un deterioro de la memoria.
Una de las conclusiones más significativas es que este deterioro funcional podría no ser irreversible. Experimentos con una chaperona molecular llamada Funes demostraron que aumentar su presencia en neuronas de moscas envejecidas favorece la recuperación de estados estructurales de Orb2 característicos de etapas juveniles, mejorando así la memoria.
El investigador principal del grupo PLASTIMORF del IQF-CSIC, Javier Oroz, señala que esta plasticidad estructural puede ser determinante para procesos fisiológicos esenciales como la memoria y para comprender los mecanismos de la neurodegeneración. La investigación abre nuevas perspectivas para entender la relación entre estructura proteica, función neuronal y pérdida de memoria, y sugiere que regular la plasticidad conformacional de los amiloides podría ser una estrategia para investigar el deterioro cognitivo.




