La máxima representante del Ejecutivo madrileño ha manifestado su inquietud por la situación vivida en México, donde, según sus declaraciones, se sintió desprotegida. Esta circunstancia la obligó a interrumpir sus actividades programadas para garantizar la seguridad de su equipo de trabajo.
La dirigente ha señalado directamente a la presidencia de México por una supuesta actitud hostil durante su estancia. Ha afirmado que, desde el programa matutino de la presidencia mexicana, se emitieron "insultos y ofensas" de manera continuada. La interrupción de su agenda oficial se justificó por el temor a posibles represalias contra los ciudadanos mexicanos con los que mantenía encuentros, ya que, según la presidenta, se solicitó una lista con los nombres de sus interlocutores.
“"Nos podría haber ocurrido cualquier cosa en cualquier sitio."
La presidenta ha revelado que su equipo tuvo que "cortar y desaparecer" para evitar riesgos, ante la presunta ausencia de apoyo de la representación diplomática española. Ha enfatizado que, sin la protección externa y sus propios medios, habrían enfrentado problemas sin que nadie se hiciera cargo de su integridad.
Más allá de los incidentes de seguridad, la presidenta madrileña ha establecido un paralelismo entre la situación política de México y la de España. Ha advertido sobre un "hundimiento institucional" en el país norteamericano en los últimos seis años, que considera "idéntico" al camino que, en su opinión, está siguiendo el Gobierno de España.
En este contexto, ha criticado lo que describe como una "carcoma institucional enorme" que afecta a organismos como la Fiscalía, las operaciones de Estado y el uso de los medios de comunicación públicos. Para la presidenta, las acciones de la formación política mexicana y su líder guardan una "enorme similitud" con la deriva política española, calificando la situación de "realmente triste".




