Estas actividades son cruciales para inculcar una sólida conciencia medioambiental desde edades tempranas. Al cuidar su propio árbol, los niños no solo aprenden a respetar y proteger el entorno natural, sino que también desarrollan valores como la responsabilidad, la constancia y el sentido de pertenencia a su comunidad. En un contexto global de cambio climático y pérdida de biodiversidad, acciones locales como esta adquieren un valor significativo.
La inclusión de árboles frutales añade un componente educativo y saludable, promoviendo hábitos de consumo sostenible y de proximidad. Los pequeños consideran su árbol como un auténtico tesoro, cuidándolo y visitándolo durante todo el año, compartiendo su evolución con familiares y amigos y sintiéndose parte activa en la conservación del entorno.
La jornada comenzó a las 12:00 horas con la colocación de nombres en los árboles y la plantación de nuevos ejemplares para aquellos niños que aún no tenían uno asignado o cuyo árbol necesitaba ser reemplazado. Posteriormente, los asistentes participaron en la plantación de fresas en los bancales centrales del arboreto, reforzando el carácter educativo y participativo de la actividad.
Como cierre, en el parque municipal se plantaron los cuatro nuevos árboles correspondientes al programa “Un árbol por Europa”, una iniciativa que promueve que municipios e instituciones planten al menos un árbol como símbolo de su compromiso con la sostenibilidad local y la lucha contra la deforestación. Redueña ha formado parte de este proyecto durante varios años, reafirmando su implicación con el cuidado del medioambiente.
La jornada concluyó en un ambiente festivo y de convivencia, donde los asistentes disfrutaron de unas deliciosas migas preparadas por Rubén, recuperando fuerzas tras una mañana dedicada al cuidado de la naturaleza. Con actividades como esta, Redueña no solo planta árboles, sino también conciencia, futuro y respeto por el entorno.




