La tranquilidad de una vivienda en las afueras de Alcorcón se vio rota cuando una joven, identificada como Lucía, descendía las escaleras y percibió una sombra huyendo por el ventanal del salón. Inicialmente achacándolo al cansancio, la estudiante decidió investigar, armada por la seguridad de su chalé y la cercanía de vecinos.
Tras una breve pausa para tomar un vaso de leche y asegurar los accesos, Lucía se dirigió a la habitación de su amiga, Ana. Allí, el horror se apoderó de ella al encontrar a su compañera sin vida, con el camisón y las sábanas empapados en sangre. Un escalofriante detalle llamó su atención: Ana llevaba puesto uno de los pendientes de lunas, un objeto que Lucía sintió como una traición.
Con el móvil en mano, Lucía contactó a la policía, quienes le indicaron que saliera de la casa ante la posibilidad de que el agresor aún estuviera presente. Sin embargo, Lucía, con notable frialdad, se dirigió a la cómoda y encontró el pendiente que hacía pareja con el de Ana, el que llevaba su propio nombre, planteando interrogantes sobre si fue un acto voluntario o forzado.
La investigación policial inicial apuntaba a un robo fallido con homicidio por arma blanca, posiblemente un cuchillo de cocina desaparecido. Sin embargo, un detalle peculiar emergió: faltaba una fotografía familiar de Lucía y su madre. Al examinar el marco, descubrió que la imagen había sido rasgada, ocultando un zapato mocasín y una fecha: 22 de abril de 2009, el séptimo cumpleaños de Lucía.
Las preguntas sobre la motivación del agresor, la desaparición de la foto y el papel de los pendientes quedaron en el aire mientras los servicios de emergencia confirmaban el fallecimiento de Ana. El relato, obra de los alumnos de 2A del instituto Galileo Galilei, deja entrever un misterio complejo que va más allá de un simple robo.




