La redacción de alcorconhoy recibió el aviso de un trabajador de una nave de artes gráficas en el Polígono Urtinsa. El mensaje era breve: «Las máquinas imprimen solas». El reportero José Luis se presentó en el lugar, descrito como un desierto de naves de chapa y hormigón con farolas de luz anaranjada.
El encargado, un hombre joven con una expresión de asombro, explicó que el fenómeno comenzó hace tres noches, justo después de que se anunciara la venta y demolición de la empresa. Las rotativas se activan solas al finalizar el turno, imprimiendo un mensaje inusual en lugar de material comercial.
Al acercarse a una de las máquinas, un golpe seco retumbó y la rotativa comenzó a girar. El papel impreso revelaba una frase repetida hasta el infinito con caligrafía temblorosa: «no tengo a dónde ir».
No tengo a dónde ir
Tras una exclamación de José Luis al aire, una risita infantil resonó y una pequeña figura humanoide de piel grisácea y ojos brillantes cruzó velozmente. El ser volcó un bote de tinta, que en el suelo formó un nuevo mensaje: «El polígono era campo, el campo era mi casa, luego lo ha sido este lugar».
José Luis identificó al ser como un «duende», una criatura fantástica que, según las descripciones culturales, protesta por el cierre del lugar. El reportero está recopilando casos similares para un bestiario.
“"Pues por las típicas y antiguas descripciones en diferentes culturas, se trata de un duende. En este caso no parece peligroso, pero está claro que estas travesuras son su forma de protestar por el cierre."
El reportero sugirió al encargado buscar una solución para el duende, como dejar sin demoler una sección o hablar con el nuevo propietario, para evitar mayores molestias o daños, ya que la criatura no se irá voluntariamente.




