Los incidentes comenzaron un lunes por la noche en la tercera planta del edificio administrativo del Ayuntamiento de Alcorcón. Las cámaras de seguridad registraron cómo, a las diez y veinte, las luces empezaron a parpadear frenéticamente, los ordenadores se reiniciaron sin previo aviso, las impresoras expulsaron ráfagas de hojas en blanco y los teléfonos internos marcaron extensiones al azar. La pantalla de control del sistema de citas previas en la recepción también se vio afectada por un festival de luces intermitentes.
La situación escaló la noche siguiente, y el miércoles el desorden fue total. Los funcionarios encontraron sus oficinas sepultadas bajo montones de papel, resultado de impresoras que habían trabajado sin parar durante horas. A pesar de una exhaustiva revisión de la red por parte del técnico informático, no se encontró evidencia de virus, fallos eléctricos o intentos de hackeo.
“"Todo empieza aquí, José Luis."
Ante la falta de explicaciones técnicas, se recurrió a José Luis, un columnista de misterio conocido por investigar fenómenos insólitos. José Luis visitó el edificio esa misma tarde, acompañado por Pablo, el técnico de mantenimiento. Durante su investigación, José Luis preguntó si alguien con problemas en su puesto había trabajado allí, a lo que Pablo mencionó a una administrativa, Carmen Ortega, que se había jubilado anticipadamente años atrás.
A las diez y doce de la noche, mientras José Luis observaba, los fenómenos se repitieron. La pantalla de un ordenador se encendió, el cursor cobró vida y unas manos invisibles comenzaron a teclear un mensaje urgente. El texto final que apareció en el monitor fue: «No es justo». Simultáneamente, las luces del pasillo parpadearon violentamente y las impresoras comenzaron a funcionar, llenando el suelo con hojas que repetían el mismo mensaje.




