Estos locales, ubicados en Alcorcón, trascendieron su función de simples establecimientos de ocio para convertirse en verdaderos epicentros de la vida social. Eran espacios donde las personas se reunían sin un plan definido, simplemente para compartir momentos y construir recuerdos.
El Periferia, a pesar de su tamaño reducido, era el punto de partida. La verdadera acción se desarrollaba en el exterior, en la calle, donde la gente se congregaba para conversar, reír y entablar diálogos que, a menudo, adquirían una importancia inesperada. La ELE, por su parte, era el lugar donde todo comenzaba, un símbolo de libertad y espontaneidad.
“"Recuerdo perfectamente esa sensación de libertad. No había prisas. Nadie miraba el reloj. No había móviles. Éramos nosotros y ese trozo de calle que sentíamos como nuestro."
Estos lugares fueron testigos de momentos inolvidables, como la tarde en que se conoció la noticia del fallecimiento de Fernando Martín en un accidente de tráfico. La conmoción se apoderó de la multitud, y el ambiente festivo se transformó en un silencio reflexivo, un recuerdo que perdura en la memoria de quienes lo vivieron.
Aunque el paisaje urbano de Alcorcón ha cambiado, el recuerdo de estos bares y las experiencias vividas en ellos sigue vivo. Representan una época de juventud, de tardes eternas y de un aprendizaje vital que marcó a toda una generación.




