El síndrome de Dravet es una patología genética poco frecuente que se manifiesta durante el primer año de vida. Esta condición se caracteriza por crisis epilépticas prolongadas, además de provocar dificultades motoras, problemas de conducta y afectación cognitiva en los pacientes.
La investigación, liderada por el grupo Hum&QRinHS, ha examinado la experiencia de las familias ante las olas de calor. Los resultados indican que el aumento del mercurio ambiental actúa como un factor precipitante, elevando tanto la duración como la severidad de los episodios convulsivos.
Para gestionar estos riesgos, los progenitores aplican diversas medidas de termorregulación. Entre las estrategias más comunes destacan el uso de ropa ligera, la permanencia en espacios interiores climatizados, la limitación de actividades al aire libre y la administración de antipiréticos.
El trabajo subraya la importancia de integrar estas prácticas cotidianas en las recomendaciones clínicas. Los autores del informe señalan que es fundamental continuar investigando en la prevención de crisis relacionadas con factores ambientales para mejorar la calidad de vida de los afectados.




