La banda, que operaba con funciones bien definidas, alquilaba vehículos con documentación falsificada y se desplazaba largas distancias para localizar víctimas. Sus integrantes, que carecían de permiso de conducir, actuaban en aparcamientos de centros comerciales, identificando a mujeres que dejaban objetos de valor en sus coches mientras realizaban la compra. Uno de los delincuentes distraía a la víctima con una conversación, mientras otros accedían al vehículo o provocaban situaciones para facilitar el robo.
Los investigadores también documentaron actuaciones en plena calle, donde los sospechosos utilizaban gorras, gafas o capuchas para dificultar su identificación. Tras obtener los objetos sustraídos, intentaban extraer dinero rápidamente de cajeros automáticos con las tarjetas de las víctimas. En una ocasión, incluso engañaron a la propietaria de un teléfono robado haciéndole creer que lo habían encontrado.
La operación policial culminó con la detención de cuatro personas. Uno de los arrestados fue sorprendido a principios de julio con un arma de fuego, mientras que los otros tres fueron detenidos en agosto cuando se disponían a cometer otro robo. Los implicados se enfrentan a cargos por hurto, falsificación documental, estafa, apropiación indebida, contra la seguridad vial y pertenencia a grupo criminal. El detenido con el arma también afronta un presunto delito de tenencia ilícita de armas.




