“"Y nos pidieron que habláramos en Madrid de ellos, vosotros, que estáis más cerca de los políticos, habladles de nosotros, nos decían. Y nos decían también que no nos olvidásemos del rural. Así nos lo decían, del rural, porque sin el rural, como decían ellos, no hay vida en la ciudad; porque lo mejor que tenéis en la ciudad, viene del rural."
Alumnos de Torrelaguna apoyan la recuperación de aldeas afectadas por incendios
Un grupo de estudiantes y profesores del IES Alto Jarama de Torrelaguna viajó a Valdeorras para ayudar en la reforestación y ofrecer apoyo emocional tras los devastadores incendios.
Por Alberto Delgado Sanz
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Estudiantes y profesores plantando árboles frutales en una aldea rural afectada por incendios.
Un grupo de alumnos y profesores del IES Alto Jarama de Torrelaguna ha viajado a la comarca de Valdeorras, en Orense, para colaborar en la recuperación de una aldea afectada por incendios, plantando árboles frutales y ofreciendo apoyo emocional a sus vecinos.
Hace un año, el mismo grupo de estudiantes y docentes del IES Alto Jarama de Torrelaguna, en Madrid, visitó Paiporta y Algemesí, en Valencia, para ofrecer ayuda tras los daños causados por la DANA. La experiencia les dejó una profunda impresión de necesidad y cansancio entre los afectados.
Recientemente, parte del alumnado de 4º de la ESO y de FP Básica en Aprovechamientos Forestales se desplazó a Valdeorras, una de las zonas más castigadas por los incendios del verano pasado. Al acercarse, el paisaje se teñía de negro, especialmente donde predominaban los pinos, aunque en las laderas con vegetación autóctona, como robles y castaños, el verde comenzaba a resurgir.
La aldea elegida para la intervención fue San Vicente de Leira, perteneciente al municipio de Villamartín de Valdeorras, donde el 90% de su superficie fue consumida por las llamas. La visión de los bloques de piedra de las casas destruidas evocaba una escena de bombardeo, no de incendio.
En las calles de la aldea, pequeños altares con objetos cotidianos como mesas, sillas y cubiertos, rendían homenaje a lo que fue y ya no es. La presencia de los estudiantes logró dibujar sonrisas en los rostros cansados de los vecinos. Un camión del ayuntamiento transportaba decenas de árboles frutales, como limoneros, naranjos y manzanos, que fueron repartidos entre los habitantes para ser plantados en el fértil pero castigado terreno.
La interacción entre los adolescentes y los vecinos jubilados fue un momento de comunión, donde las edades se mezclaron mientras se cavaban los hoyos para los nuevos árboles. Posteriormente, en el centro social, se compartieron sentimientos de abandono, impotencia y destrucción, pero también de ilusión, fuerza, esperanza y futuro. Como despedida, una vecina, conocida como la Pepita, agasajó al grupo con rosquillas caseras.
Los vecinos pidieron a los visitantes que hablaran de su situación en Madrid, destacando la importancia del mundo rural para la vida en la ciudad. La experiencia dejó en los participantes la misma sensación de abandono y cansancio que ya habían percibido en Valencia, evidenciando que, más allá de los desastres naturales, las emociones de los afectados son similares.



