La propuesta teatral "La redención", de la reconocida novelista, poeta y dramaturga Ana Merino, se presenta como una inquietante visión de un futuro cercano. La obra no se centra únicamente en la imaginación de un mundo devastado por la acumulación de basura, mares muertos y protocolos de supervivencia, sino en la capacidad de hacer que el espectador reconozca en ese paisaje tóxico una realidad cercana, marcada por la soledad emocional y la espera de un milagro en medio de la descomposición.
A pesar de su temática sombría, la obra evita caer en el cinismo, lo que la convierte en una pieza singular. El próximo 23 de mayo, el Real Coliseo Carlos III de San Lorenzo de El Escorial será el escenario de esta nueva versión escénica. Originalmente escrita por Merino en 2016, "La redención" regresa transformada en una experiencia inmersiva, sensorial y profundamente contemporánea. La autora, galardonada con el Premio Nadal en 2020 por "El mapa de los afectos", no solo firma el texto, sino que también asume la dirección y producción, integrando esta triple responsabilidad en el propio relato.
Merino, quien desarrolló gran parte de su carrera académica y literaria en Estados Unidos, ha señalado las dificultades del ecosistema teatral español. "En España es muy complicado emprender", admite, refiriéndose a las barreras para integrarse en las redes de teatros independientes y públicos. A pesar de estos obstáculos, la autora ha perseverado, reescribiendo el texto desde la escena para adaptarlo al formato teatral puro, y no como una adaptación de una novela.
La trama se sitúa en un futuro donde la humanidad sobrevive rodeada de residuos tóxicos tras un colapso ecológico global. La acción se desarrolla en plantas de tratamiento de basura, lugares marginales donde trabajan aquellos sin alternativas. La llegada de una inspectora y su ayudante para supervisar una de estas plantas desencadena la historia, especialmente a través de Isabela, una trabajadora convencida de la llegada de extraterrestres para salvar la Tierra.
Merino describe la obra como un "mapa emocional" bajo una estética distópica, donde la ciencia ficción sirve de contexto para explorar las "grietas humanas", la contaminación y, sobre todo, la soledad. "Son cinco personajes que sienten de maneras completamente distintas", explica la autora, destacando el enfoque introspectivo hacia las emociones y las relaciones interpersonales, más allá de la temática medioambiental.
La puesta en escena complementa el texto con videoarte, diseño sonoro y teatralidad corporal, creando una atmósfera inmersiva que extiende emocionalmente el paisaje interior de los personajes. La colaboración con la bailarina y especialista teatral Paloma Díaz ha sido clave para desarrollar la dimensión física y los ritmos escénicos, definiendo la corporalidad y la respiración de cada personaje en el espacio.
La obra se mueve entre lo poético y lo inquietante, lo íntimo y lo apocalíptico, evitando la moralización y centrándose en la fragilidad humana. "En el peor escenario los humanos tenemos la capacidad de seguir sintiendo, pensando, expresando ideas y buscando la redención", afirma Merino. "La redención" no ofrece soluciones fáciles ni esperanza ingenua, sino la compleja posibilidad de mantener la humanidad en un mundo al borde de la inhabitabilidad, funcionando como un espejo incómodo, bello y lleno de preguntas sin resolver.




