Lo que prometía ser una disertación sobre el papel de las formaciones locales e independientes en la política española tomó un giro inesperado en la sede de la Asociación de Periodistas y Escritores Veteranos de España. La expectación era alta entre los asistentes, compuestos por veteranos periodistas, escritores y figuras de la cultura, pero bastaron unos minutos para que el acto cambiara de rumbo.
Una pregunta sobre Francisco Umbral, seguida de un recuerdo a Fernando Arrabal y una referencia a los Panero, marcó el inicio de una conversación que pronto incluyó el videoarte de Bill Viola. En medio de este diálogo espontáneo, emergió la figura de Carmen de Burgos, 'Colombine', la primera periodista profesional española, sobre quien el ponente, Federico Martínez Utrera, había escrito uno de sus libros.
La conferencia inicialmente programada sobre política se diluyó con elegancia, dando paso a la preferencia de los asistentes por conversar directamente con el conferenciante. Federico Martínez Utrera, conocido en Majadahonda por su actividad política como portavoz adjunto de Vecinos por Majadahonda y con una extensa trayectoria periodística y cultural, guió a los presentes a través de sus publicaciones, investigaciones y experiencias.
Lo que iba a ser un análisis político se transformó en una brillante tertulia sobre periodismo, literatura, memoria cultural y las vivencias de una profesión ejercida desde dentro. Este giro espontáneo evocó el aire de los antiguos cafés literarios, donde las conversaciones inteligentes fluyen libremente. La ausencia de la conferencia prevista no fue echada de menos; al contrario, el público pareció sentir que asistía a algo de mayor valor.
En una época donde los actos públicos suelen ser predecibles, el encuentro adquirió un carácter entrañable. La capacidad de escuchar recuerdos, anécdotas y referencias culturales compartidas por alguien que las ha vivido demostró tener un valor más raro que la mera exposición de datos. La política de los pequeños partidos quedó pospuesta, pero la tarde se llenó con la memoria conversadora de Federico Martínez Utrera y la curiosidad de un auditorio que valoró la riqueza de una conferencia que se permitió el lujo de perderse.




