La costumbre de regalar una rosa y un libro en esta fecha, aunque parezca una tradición única, tiene sus raíces en dos orígenes diferentes. La parte más antigua se remonta a la leyenda medieval de Sant Jordi, patrón de Cataluña. Según el relato, de la sangre del dragón vencido por el caballero brotó un rosal, y de él, Sant Jordi cortó una rosa para entregársela a la princesa.
Desde el siglo XV, Barcelona acogía la Fira dels Enamorats, donde los hombres obsequiaban rosas a las mujeres que visitaban la capilla de Sant Jordi. Este gesto, inicialmente de cortesía y reconocimiento, evolucionó hasta convertirse en una expresión más igualitaria de afecto sincero, donde cualquiera puede regalar una rosa como símbolo de cariño.
“"La rosa se convirtió en una forma de decir: te admiro, te respeto, te celebro, o te amo."
El libro se incorporó a esta celebración mucho más tarde. En 1926, el editor Vicente Clavel propuso establecer una Fiesta del Libro en honor a Cervantes. Tras varios ajustes en la fecha, se fijó definitivamente el 23 de abril en 1930, día tradicionalmente asociado con la muerte de Cervantes y Shakespeare. Aunque la coincidencia es más simbólica que exacta, ya que Cervantes falleció el 22 de abril de 1616 (enterrado el 23) y Shakespeare el 23 de abril según el calendario juliano, lo que equivaldría al 3 de mayo actual.
Esta fecha, convertida en un homenaje universal a la literatura, fue adoptada en 1995 por la UNESCO como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Así, en Cataluña, dos celebraciones distintas, la rosa medieval y el libro del siglo XX, convergieron en un mismo día. A partir de mediados del siglo XX, regalar un libro y una rosa se consolidó como una costumbre compartida, extendiéndose por toda España.
La tradición funciona por su equilibrio: la rosa simboliza el afecto, mientras que el libro representa el reconocimiento intelectual. Es una forma de expresar tanto el amor como la admiración, ofreciendo algo bello y algo que invita a la reflexión. Este equilibrio ha permitido que la tradición perdure a través del tiempo, las modas y las nuevas tecnologías.
“"En ese pequeño intercambio —una rosa y un libro— se encierra una idea poderosa: que pensar y sentir no son mundos opuestos, sino complementarios."
Aunque existen celebraciones del Día del Libro y tradiciones de regalar flores en otros países, la singularidad de Sant Jordi reside en la fusión de ambos gestos en una celebración colectiva y pública. Esta fiesta transforma ciudades enteras, llenando librerías, colegios, bibliotecas y plazas de vida, y convirtiendo los paseos en recorridos entre historias y conversaciones centradas en la literatura. Es una forma de habitar el espacio público desde la palabra y el afecto, recordándonos que la cultura también se regala y el amor puede ser un acto de lectura.




