Un enclave único en la región por su planta octogonal y sus más de 1.600 años de historia pasa a ser oficialmente Bien de Interés Cultural, la figura de protección más alta del patrimonio madrileño. A orillas del río Jarama, en el término municipal de Valdetorres de Jarama, se conservan los restos de una de las villas romanas más singulares de toda la Península Ibérica. El pasado 1 de junio, el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó declarar este yacimiento Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Zona Arqueológica, la máxima distinción que el ordenamiento jurídico español otorga a los bienes del patrimonio histórico.
Con esta declaración, la villa romana de Valdetorres de Jarama se incorpora al selecto grupo de enclaves madrileños que cuentan con la protección más sólida frente a cualquier amenaza de deterioro, alteración o desaparición. El yacimiento ya formaba parte del Plan de Yacimientos Visitables de la región, lo que lo convierte en un espacio accesible al público en general, pero este nuevo estatus refuerza de forma definitiva su preservación a largo plazo.
Lo que hace verdaderamente especial a esta villa no es solo su antigüedad —datada entre finales del siglo IV y comienzos del siglo V después de Cristo— sino la forma en que fue concebida y construida. Su edificio principal tiene planta octogonal, una rareza arquitectónica que ya la distingue a simple vista de cualquier otra construcción romana conocida en la región. Mientras que la gran mayoría de las villas romanas de Hispania distribuían sus distintas estancias en cuerpos separados e independientes, la de Valdetorres integraba todas las dependencias de la vivienda en una única estructura compacta. Dormitorios, zonas de servicio, espacios de representación y áreas de trabajo convivían bajo un mismo techo, organizados en torno a un patio o peristilo central rodeado por un anillo de habitaciones. Estas estancias se comunicaban entre sí a través de pequeños pasillos situados en las esquinas del octógono, creando un recorrido interior continuo y perfectamente articulado. Esta solución arquitectónica, inusual para su época y su contexto geográfico, convierte a la villa de Valdetorres en un caso de estudio excepcional dentro de la arqueología hispanorromana.
El yacimiento fue descubierto en 1977, y las primeras excavaciones comenzaron al año siguiente. Desde entonces, los trabajos arqueológicos se fueron sucediendo durante varias décadas, sacando a la luz un patrimonio de enorme valor histórico y artístico. El capítulo más reciente de esa historia de recuperación se desarrolló entre 2018 y 2022, cuando se acometió una intervención integral que incluyó la excavación completa de la villa, tareas de limpieza y consolidación de estructuras, y la reconstrucción parcial de algunos muros para facilitar la comprensión del espacio por parte de los visitantes. Además, se instalaron paneles y elementos expositivos, así como recreaciones de pinturas murales, pavimentos, estatuas y basas que permiten hacerse una idea mucho más precisa de cómo era la vida en este lugar hace más de mil seiscientos años.
Entre todo lo que han ido desvelando las excavaciones a lo largo de los años, algunos descubrimientos destacan por encima del resto. Uno de los más llamativos es la aparición de un horno de vidrio en el patio interior de la villa, junto a restos de los objetos que allí se fabricaban: botellas, fragmentos de ventanas y otras piezas que demuestran que en este enclave no solo se vivía, sino que también se producía. Las monedas halladas en el yacimiento abarcan una cronología que va desde época preconstantina hasta finales del siglo IV, lo que permite trazar con bastante precisión la historia del lugar y sus distintas fases de ocupación. También se han recuperado objetos metálicos entre los que se incluyen herramientas y armas, así como abundante cerámica y piezas decorativas de hueso y marfil que formaban parte del mobiliario de la vivienda. Pero si hay un conjunto que sobresale por su riqueza y rareza, es la colección de esculturas exhumadas en el yacimiento. Se trata de figuras que representan animales, divinidades y héroes de la mitología clásica, realizadas en distintos tipos de mármol y con alturas que oscilan entre los 15 y los 75 centímetros. Un conjunto escultórico de estas características resulta excepcional en el contexto de las villas romanas madrileñas y sitúa a Valdetorres en un lugar privilegiado dentro del patrimonio arqueológico regional.
La villa romana de Valdetorres de Jarama no es solo un objeto de estudio para especialistas: es un espacio abierto al público y pensado para que cualquier persona pueda acercarse a la historia de la región de una forma cercana y comprensible. Su inclusión en el Plan de Yacimientos Visitables garantiza que cuente con las condiciones necesarias para recibir visitas, con señalización, itinerarios guiados y materiales interpretativos que facilitan la experiencia. Con la nueva declaración como Bien de Interés Cultural, ese compromiso con la divulgación y la preservación queda reforzado de manera oficial. Para los vecinos de la zona norte de la Comunidad de Madrid, este enclave representa una oportunidad única de conocer de primera mano una página poco conocida pero fascinante de la historia del territorio que habitan.




