El mes de junio, además de fechas personales, guarda hitos significativos para la memoria colectiva. El 10 de junio de 2003 marcó la inauguración del grupo escultórico 'El abrazo', obra de Juan Genovés, situado en la plaza de Antón Martín, en Madrid. Este evento, que evoca recuerdos imborrables, se suma a la conmemoración anual del atentado contra los Abogados de Atocha en enero de 1977, un acto de violencia franquista que truncó vidas y aspiraciones de justicia y esperanza.
A principios de los 2000, impulsado por CCOO de Madrid, surgió la iniciativa de que los municipios de la Comunidad de Madrid dedicaran espacios públicos a los Abogados de Atocha. Si bien más de veinticinco municipios respondieron positivamente, la capital, el Ayuntamiento de Madrid, mantenía un silencio institucional hasta 2002. Fue entonces, a propuesta de IU y PSOE, cuando se aprobó unánimemente rendir homenaje en la plaza de Antón Martín, saldando una deuda moral.
La propuesta de CCOO de Madrid fue transformar la icónica pintura 'El abrazo' de Juan Genovés en una escultura. El artista aceptó el compromiso, y tras gestiones y conversaciones, la obra en bronce se materializó el 10 de junio de 2003 en la plaza de Antón Martín, un lugar simbólico cercano a Atocha 55. La escultura representa a hombres y mujeres fundidos en un abrazo que desafía la violencia y responde al odio con humanidad.
Curiosamente, ese mismo día, en la Asamblea de Madrid, se desarrollaba el 'Tamayazo', un evento que representaba la traición, en contraste con el consenso y la memoria democrática simbolizados por 'El abrazo'. El autor, quien fue responsable de Comunicación de CCOO de Madrid, expresa una profunda emoción personal al ver la escultura, reconociendo que pequeños fragmentos de su propia vida están también en ese bronce.
En El Abrazo habitan fragmentos de vida
La escultura 'El abrazo' no solo conmemora a los Abogados de Atocha, sino que también se ha convertido en un Lugar de Memoria Democrática. El autor reflexiona sobre la importancia de estas fechas y cómo la memoria, terca y viva, se niega a ceder al olvido, anclando nombres y valores en la vida cotidiana de la gente.




