En el panorama político, existen ciudades donde las primarias socialistas son vistas como un saludable ejercicio de democracia interna, una vía para renovar liderazgos o una competición amistosa. Sin embargo, Alcalá de Henares parece presentar una excepción, donde la mera mención de la palabra «primarias» suscita miradas de soslayo, consultas meteorológicas e incluso sospechas de conspiración.
Este fenómeno contrasta con la normalidad observada en otros municipios. Mientras en Madrid, la portavoz socialista Reyes Maroto anuncia su candidatura a las primarias para la alcaldía sin incidentes, y en Leganés surge una alternativa liderada por Sara Oviedo sin que ello cause alarma, en Alcalá, la simple convocatoria de un acto sobre el futuro del partido parece generar más cautela que entusiasmo. La situación resulta llamativa, dado que se trata del mismo partido, con los mismos estatutos y un procedimiento democrático ya establecido.
“"Muy bien… ¿y quién le pone el cascabel al gato?"
La situación recuerda a la fábula de Samaniego sobre los ratones que acuerdan ponerle un cascabel al gato para anticipar su presencia. Si bien la idea genera unanimidad y optimismo inicial, la pregunta crucial sobre quién se atreverá a ejecutar la acción revela la brecha entre la intención y la realidad. En el socialismo alcalaíno, durante años, han sido muchas las conversaciones privadas que señalaban la necesidad de una nueva etapa, recuperar la ilusión o redefinir el proyecto. Sin embargo, al momento de dar un paso al frente, el silencio predominaba, evidenciando la dificultad de encontrar a alguien dispuesto a asumir el liderazgo.
Los llamados renovadores, aunque tardíos en su aparición, han necesitado tiempo para concluir que una gestora debe administrar una transición, no perpetuarse. Su decisión de dar un paso al frente marca un punto de inflexión, aunque el debate parece haber mutado. Ahora, la preocupación no reside tanto en la conveniencia de las primarias, sino en el mero hecho de que se haya planteado públicamente la posibilidad.
Surgen preguntas sobre por qué un procedimiento democrático como las primarias se percibe como un ejercicio saludable en Madrid y como un riesgo en Alcalá. ¿Qué diferencia hay entre la Puerta del Sol y la Plaza de Cervantes para que el mismo proceso adquiera significados tan dispares en apenas treinta kilómetros? Las hipótesis, por ahora, parecen inclinarse hacia explicaciones ambientales, como el clima o la humedad del Henares.
Es innegable que las primarias implican ambiciones personales, estrategias y cálculos. Sin embargo, su propósito es precisamente ordenar estas ambiciones a través de un procedimiento conocido, sometiendo los intereses a una decisión colectiva, lo que constituye la esencia de la democracia interna.
Además, es crucial recordar que las primarias no garantizan victorias electorales ni resuelven automáticamente los problemas de una organización. Su valor reside en otorgar legitimidad, asegurando que quien accede a un cargo ha pasado por el filtro de la militancia, un activo político significativo tras periodos convulsos.
La prevención ante cualquier conversación sobre primarias sugiere que el debate real podría no ser sobre el mejor proyecto para el PSOE de Alcalá, sino sobre si se debe permitir a los militantes decidir por sí mismos. Esta interrogante subraya la naturaleza de la democracia, que periódicamente consulta la opinión ciudadana.
La reciente encuesta publicada por ALCALÁ HOY, aunque no un oráculo, ha puesto de manifiesto un debate latente. Su mayor contribución no fue presentar datos, sino recordar que ciertas preguntas, si se ignoran, no desaparecen. Al igual que Cervantes retrató a Don Quijote viendo gigantes donde solo había molinos, en la política actual algunos parecen empeñarse en ver conflictos donde hay ciudadanos ejerciendo su derecho a votar sus ideas.
En los próximos meses se verá quién tenía razón. Quizás los renovadores encuentren el camino más arduo de lo esperado, o quienes hoy recelan de los debates internos reconozcan su valor. La incertidumbre sobre el resultado es, precisamente, la grandeza y la servidumbre de las primarias.
Finalmente, la fábula de los ratones resuena: el problema no era el cascabel en sí, sino la inquietante posibilidad de que el gato también pudiera escuchar su tintineo, sugiriendo que las intenciones y las reacciones pueden ser más complejas de lo aparente.




