El incidente ocurrió cuando los efectivos policiales, que se encontraban realizando sus labores habituales, fueron alertados por un trabajador del establecimiento. El empleado informó que una clienta presentaba graves dificultades para respirar tras haberse atragantado con un trozo de comida.
Al llegar al lugar, los agentes encontraron a la mujer sentada en una silla, en un estado de semi-inconsciencia y con claros signos de asfixia. Su piel mostraba un tono violáceo, indicativo de la falta de oxígeno, lo que evidenciaba la gravedad de la situación.
Ante la urgencia, los policías actuaron de inmediato, combinando la técnica de Heimlich con golpes interescapulares. Esta rápida y efectiva intervención permitió que la afectada expulsara el objeto que obstruía sus vías respiratorias, recuperando así la respiración y salvando su vida.




