Este parque, concebido desde su origen como jardín naturalista siguiendo las corrientes paisajísticas de finales del siglo XIX, surge en relación con el Ensanche de Madrid y la expansión del barrio de Argüelles. Los terrenos, anteriormente una escombrera, fueron transformados por el Ayuntamiento en una zona verde para los nuevos residentes y para embellecer la cornisa sobre el Manzanares.
El diseño original, encargado al ingeniero agrónomo Celedonio Rodrigáñez y aprobado en 1898, se inspiró en el paisajismo inglés con trazados sinuosos, agrupaciones arbóreas y elementos acuáticos. Posteriormente, a partir de 1910, Cecilio Rodríguez amplió el parque hacia la Montaña del Príncipe Pío, incorporando influencias francesas y una distribución más regular.
El parque conserva vestigios de la Guerra Civil española, como tres torretas de hormigón fortificadas. Su configuración espacial se ve marcada por la ladera que desciende desde la Plaza de la Moncloa hasta el río Manzanares, salvando un desnivel de 65 metros. Destaca la vaguada del antiguo arroyo de San Bernardino, con vegetación de ribera y cascadas naturales.
Su valioso patrimonio botánico incluye ejemplares singulares como el cedro 'El Abuelo', además de ginkgos, magnolios, hayas y diversas coníferas y frondosas. El Paseo de los Plátanos alberga el Centro de Avifauna. En 1957 se creó La Rosaleda, sede del concurso internacional Rosas Nuevas de la Villa de Madrid.
El siglo XX trajo consigo la inauguración del Teleférico de Madrid en 1969, conectando el parque con la Casa de Campo. Entre 1970 y 1972 se integró la Montaña del Príncipe Pío, donde se instaló el Templo de Debod, donado por Egipto.
El conjunto también alberga la Escuela de Cerámica, La Tinaja, el Pabellón de la Florida, el cementerio del Dos de Mayo y numerosos monumentos conmemorativos dedicados a figuras históricas y artísticas.




