En una época donde la pelota vasca era el gran espectáculo, el Frontón Jai Alai abrió sus puertas en la calle Alfonso XII, transformándose en el corazón de un fenómeno deportivo y social que cautivó a la sociedad madrileña de finales del siglo XIX y principios del XX.
Este recinto no era solo un lugar para vibrar con la velocidad de una pequeña pelota de cuero; sus treinta y tres palcos, su café, su restaurante y sus amplias gradas atraían a aristócratas, comerciantes, militares y familias. Era un punto de encuentro donde se cerraban negocios y se debatía la actualidad, consolidando la pelota vasca como el mayor entretenimiento de la ciudad durante décadas.
El edificio, diseñado por Miguel Mathet y Coloma, se convirtió en un símbolo de la Belle Époque madrileña, ofreciendo una experiencia de ocio completa que iba más allá de la competición deportiva.




