Aquel 2 de Mayo, aquel 3 de Mayo, marcaron para siempre a Madrid. Toda la noche tocó a muerto la campana del Buen Suceso. Se abrieron fosas junto a las paredes de la iglesia, que luego fueron cegados. Paños negros cubrieron el lugar.
El 2 de Mayo: Un Hito Histórico que Marcó a Madrid y a Goya
La revuelta popular de 1808 contra las tropas napoleónicas en Madrid no solo cambió el curso de la historia, sino que también transformó la visión artística de Francisco de Goya.
Por Cristina Vega Domingo
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Imagen de una escena de batalla histórica en una ciudad europea, con figuras borrosas y un ambiente de conflicto.
La insurrección del 2 de Mayo de 1808 en Madrid contra la ocupación francesa, un evento crucial en la historia de España, no solo desencadenó un conflicto bélico, sino que también dejó una huella imborrable en la obra del célebre pintor Francisco de Goya.
A principios del siglo XIX, las tropas napoleónicas, bajo el mando de Murat, entraron en España con la intención de conquistar Portugal, aliado de Inglaterra. Sin embargo, la verdadera ambición de Napoleón era reemplazar a la dinastía borbónica española por la de los Bonaparte, designando a su hermano José como nuevo monarca. La alianza con Francia ya había resultado costosa para España, con derrotas significativas como la de Trafalgar, generando un creciente descontento popular.
El 2 de Mayo de 1808, la tensión en Madrid estalló. La noticia de que las tropas francesas intentaban llevarse al infante Francisco de Paula, hijo menor del rey Carlos IV, del Palacio Real, provocó una revuelta espontánea. Grupos de madrileños se congregaron para impedirlo, enfrentándose a un batallón de artillería francés que abrió fuego contra la multitud. Este acto encendió la chispa de la insurrección en toda la ciudad.
Los enfrentamientos se extendieron, con los madrileños intentando bloquear la calle de Alcalá y siendo empujados hacia la Puerta del Sol. Allí, a pesar de estar mal armados, resistieron la carga de los mamelucos egipcios, parte de las fuerzas francesas. La represión fue brutal, con numerosos muertos en la revuelta y ejecuciones sumarias en el claustro de la iglesia del Buen Suceso. Estos trágicos eventos fueron inmortalizados por Francisco de Goya en su famosa obra La carga de los Mamelucos.
La venganza francesa continuó durante la noche del 2 de Mayo y la madrugada del 3 de Mayo, con fusilamientos masivos que Goya también retrató magistralmente en su cuadro Los fusilamientos del 3 de Mayo. Estos acontecimientos transformaron profundamente la visión artística del pintor, quien hasta entonces había creado obras más festivas y retratos de la realeza y figuras destacadas, como Jovellanos o la Duquesa de Alba.
A partir de 1808, la obra de Goya se tornó más oscura y crítica, reflejando la crueldad humana, la represión y la brutalidad de la guerra. De este periodo nacieron series como Los desastres de la guerra, las Pinturas Negras y los Desastres y Disparates, mostrando a un artista amargado y sin esperanza. Tras huir del absolutismo de Fernando VII y refugiarse en Burdeos, Goya recuperó algo de paz, lo que le permitió crear obras como los Toros de Burdeos y La lechera de Burdeos.



