Agentes de la Policía Nacional han desarticulado una compleja red de estafas inmobiliarias que operaba principalmente en el distrito madrileño de Centro. El sospechoso, que empleaba identidades falsas y material audiovisual profesional, logró defraudar más de 85.000 euros, acumulando un total de 32 denuncias con un patrón de actuación idéntico.
El modus operandi del arrestado consistía en alquilar propiedades legítimas como viviendas turísticas. Una vez en posesión de las llaves, publicitaba estos mismos pisos en portales inmobiliarios como ofertas de alquiler de larga duración a precios de mercado. Los interesados desconocían que el anunciante carecía de permiso para subarrendar las viviendas. Esta estrategia le permitía mostrar los inmuebles de forma física o virtual, ganándose la confianza de los futuros inquilinos al demostrar un acceso real a las estancias.
La vulnerabilidad del mercado del alquiler en las grandes ciudades, donde la necesidad se cruza a menudo con la picaresca, crea un caldo de cultivo ideal para delincuentes.
Lo que distinguía este caso de las estafas tradicionales era el despliegue de medios técnicos. Durante los registros en dos domicilios vinculados al autor, la Policía Nacional intervino material profesional como focos, trípodes y cámaras 360. Este equipo era fundamental para realizar reportajes fotográficos y de vídeo de alta calidad, permitiendo visitas virtuales muy realistas que generaban una falsa sensación de transparencia y control.
El delincuente seleccionaba cuidadosamente a sus víctimas, priorizando a personas que residían en el extranjero y planeaban mudarse a Madrid para estudios de posgrado. Este perfil era ideal debido a la urgencia de cerrar un contrato antes de llegar a España y la imposibilidad de verificar la oferta presencialmente. Además del perjuicio económico, el individuo solicitaba documentación sensible como DNI, pasaportes o nóminas, que luego utilizaba para suplantar identidades, abrir cuentas bancarias o presentarse como propietario legítimo ante otras víctimas.
Las pesquisas se iniciaron en octubre del año pasado tras la primera denuncia formal. El seguimiento de líneas telefónicas, cuentas bancarias y correos electrónicos permitió la localización del sospechoso, a pesar de usar identidades fraudulentas y no tener residencia fija. El 20 de febrero, un dispositivo especial culminó con su detención en la capital, donde portaba seis teléfonos móviles de alta gama, demostrando que su actividad fraudulenta seguía activa.




