La imagen tradicional del bombero, predominantemente masculina, se refleja en las estadísticas del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid, donde la representación femenina no alcanza el uno por ciento. Esta disparidad ha generado críticas por parte de organizaciones sindicales y aspirantes, quienes argumentan que el problema no radica en la falta de interés, sino en un sistema de pruebas de acceso que consideran desfasado y excluyente.
“"Las pruebas físicas suponen una barrera excluyente que penaliza a las mujeres y constituye un caso de discriminación por razón de género."
La principal objeción se centra en la falta de una adaptación proporcional en los requisitos mínimos de las pruebas físicas. Desde el sindicato CCOO, se ha señalado que mantener baremos idénticos o con diferencias insuficientes, sin una justificación técnica que los vincule directamente al desempeño real del puesto, contraviene el principio de igualdad de trato en el acceso al empleo público. Esta situación, afirman, infringe el artículo 6.2 de la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, especialmente cuando dentro del propio cuerpo ya existen mínimos diferenciados entre hombres y mujeres para ciertas funciones.
Las aspirantes han expresado que esta situación tiene un impacto psicológico significativo. Mientras que muchos hombres pueden aspirar a las notas máximas con relativa facilidad, las mujeres deben dedicar meses o años a intentar alcanzar el mínimo exigido. Una opositora, que prefirió mantener el anonimato, comentó que la exigencia para ellas implica una dedicación exclusiva y una mayor inversión económica, sin margen para lesiones o para priorizar el estudio en los meses previos al examen.
“"No te puedes permitir una lesión ni priorizar el estudio en los meses previos al examen como hacen muchos compañeros."
Además, las aspirantes cuestionan la relevancia de la extrema dureza de las pruebas para medir la capacidad real de un bombero especialista. Argumentan que, si estas pruebas fueran verdaderamente esenciales, serían uniformes en todo el territorio nacional y se exigirían anualmente a toda la plantilla actual. Ejemplos como trepar una cuerda en 14 segundos o correr 2.000 metros en siete minutos y 40 segundos son citados como pruebas que no reflejan la capacidad de intervención en emergencias, coordinación de rescates o trabajo en equipo bajo presión.
El sindicato ha advertido que esta rigurosidad provoca un fenómeno de autoexclusión, con solo un 2,5 por ciento de mujeres presentándose a las pruebas, según datos de CCOO. En los últimos 35 años, la incorporación de mujeres ha sido mínima, con solo tres superando el proceso en la última convocatoria frente a 264 hombres. Las opositoras no buscan privilegios, sino igualdad de oportunidades y una revisión de las pruebas, diseñadas hace más de tres décadas, para que se ajusten a criterios científicos y deportivos actuales.
“"Solo queremos poder competir en igualdad de oportunidades."
Desde la Consejería de Medio Ambiente, se ha defendido que la baremación de las pruebas se basa en informes de técnicos de educación física y del servicio médico del Cuerpo de Bomberos. Han afirmado que las bases se mantendrán como en convocatorias anteriores, respaldando que el nivel de las pruebas físicas garantiza la prestación del servicio al ciudadano y la seguridad de los intervinientes.