La contaminación atmosférica se mantiene como un problema estructural con importantes repercusiones en la salud pública, la economía y los ecosistemas. Factores como el cambio climático, el uso intensivo de combustibles fósiles y la lenta implementación de medidas efectivas de reducción de emisiones en las ciudades son determinantes en esta situación.
Las estimaciones más recientes sitúan en 330.000 las muertes prematuras en Europa y hasta 24.000 en España en 2023, atribuibles a la contaminación. De estas, 13.300 se asocian a partículas finas PM2,5, 4.100 al dióxido de nitrógeno (NO₂) relacionado con el tráfico, y 6.600 al ozono troposférico, intensificado por altas temperaturas.
El coste económico de la contaminación atmosférica en España se estima en 32.000 millones de euros anuales, un 2,4% del PIB, incluyendo mortalidad prematura, ingresos hospitalarios y daños a sectores como la agricultura y los ecosistemas.
El tráfico motorizado, especialmente los vehículos diésel, es la principal fuente de contaminación urbana, seguido por calefacciones domésticas, industria y transporte marítimo/aéreo. El uso masivo de combustibles fósiles es el origen estructural tanto de la contaminación como del cambio climático.
El aumento de las temperaturas y las olas de calor favorecen la formación de ozono troposférico. En 2025, España registró uno de los años más cálidos, intensificando episodios de ozono, con niveles elevados en zonas urbanas como la Comunidad de Madrid.
Bajo los nuevos estándares europeos, que deben cumplirse antes de 2030, el 66,3% de la población española (32,6 millones) estuvo expuesta a niveles de contaminación superiores a los futuros límites en 2025. Con los límites actuales, la cifra se reduce al 18,6% (9,1 millones), aunque son considerados obsoletos.
El informe también destaca que 84.000 km² del territorio español presentaron niveles perjudiciales para la vegetación en 2025. Si se aplican objetivos de protección a largo plazo para el ozono, la superficie afectada asciende al 85% del territorio.
Aunque se han registrado ligeras mejoras en partículas y NO₂ en algunas ciudades como Madrid o Barcelona, el ozono ha empeorado significativamente. Varias áreas metropolitanas, incluidas Madrid, Barcelona, Sevilla, València, Málaga, Murcia, Bilbao o Zaragoza, superan los nuevos límites europeos.
Ecologistas en Acción critica la calidad y accesibilidad de la información oficial, alertando de fallos en el sistema estatal de información y retrasos en políticas clave como el Plan Nacional de Ozono. Se propone reducir el tráfico motorizado, impulsar el transporte público eléctrico y la movilidad activa, y acelerar la transición energética.




