Durante dos días consecutivos, los centros educativos madrileños, tanto públicos como concertados y privados, llevarán a cabo estas evaluaciones. El propósito es obtener una visión clara del rendimiento escolar actual y detectar posibles áreas de mejora en el sistema educativo de la Comunidad de Madrid.
Estas pruebas no se limitan a la memorización de datos, sino que profundizan en la adquisición de competencias clave como la comunicación lingüística, el dominio de idiomas extranjeros y el razonamiento matemático. También se incluyen áreas como la ciencia, la tecnología y la ingeniería, consideradas fundamentales para el siglo XXI, y se evalúan habilidades personales y sociales para un desarrollo integral del alumnado.
Aunque la normativa estatal exige la evaluación de alumnos de 4º de Primaria y 2º de Secundaria, el Gobierno autonómico ha ampliado el alcance para incluir a estudiantes de 6º de Primaria y 4º de la ESO. Esta decisión permite comparar la evolución académica desde los cursos intermedios hasta el final de la educación básica, asegurando un seguimiento completo.
En Primaria, las evaluaciones se centran en lengua castellana y literatura, matemáticas, ciencias sociales e inglés. Para la ESO, se mantienen estas materias y se añade geografía e historia, buscando verificar que los jóvenes madrileños posean las herramientas necesarias para interpretar el mundo y comunicarse eficazmente.
El rigor de las pruebas está garantizado por una estructura de supervisión que involucra a los docentes de cada centro, la inspección educativa y las direcciones de área territoriales. La Dirección General de Bilingüismo y Calidad de la Enseñanza coordina este proceso para asegurar equidad y transparencia en toda la región.
Los resultados de estas evaluaciones se utilizarán para diseñar planes de refuerzo específicos en los centros. Si se detecta una debilidad colectiva en una asignatura, los colegios e institutos podrán ajustar sus métodos pedagógicos o intensificar el apoyo, funcionando como un mecanismo de autodiagnóstico para mejorar el rendimiento académico basado en evidencias.
Este modelo de evaluación cumple su tercer año consecutivo en la Comunidad de Madrid, lo que proporciona una base de datos sólida para observar tendencias y evaluar la efectividad de las políticas educativas implementadas. La continuidad de este sistema busca una escuela más preparada y consciente de sus desafíos.




