La iniciativa busca proteger este espacio histórico, también conocido como Finca de Los Almendros de Hortaleza, de la construcción de 36.000 metros cuadrados de oficinas. La plataforma acudió al registro municipal para formalizar la entrega de los apoyos y solicitar una reunión con la vicealcaldesa y el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad.
Según el colectivo vecinal, la Huerta de Mena es un patrimonio histórico y cultural de gran relevancia para Madrid, formando parte de la memoria agrícola de la capital. La plataforma advierte que el proyecto urbanístico supondría la desaparición irreversible de este enclave.
“"La pérdida de Huerta de Mena no solo sería un atentado contra la memoria cultural de la ciudad, sino también un grave error urbanístico en un momento en el que Madrid necesita más espacios verdes y sostenibles."
Por su parte, el Gobierno municipal considera compatible el desarrollo urbanístico con una posible declaración de parte de la finca como Bien de Interés Patrimonial. La vicealcaldesa ha asegurado que el Ayuntamiento es sensible a la situación y que la protección ya estaba contemplada en la modificación urbanística.
Sin embargo, la plataforma vecinal rechaza este planteamiento, argumentando que el plan respaldado por el Ayuntamiento no preserva realmente el espacio, ya que contempla la construcción de edificios y la apertura de nuevas calles. Reclaman transparencia y conocer los planes de conservación de primera mano.
La Comunidad de Madrid, en colaboración con el Ayuntamiento, está estudiando la posible declaración de parte de la finca como Bien de Interés Patrimonial. Para ello, se han contratado informes especializados, incluyendo estudios arquitectónicos, paisajísticos y arqueológicos, con el fin de clarificar los valores de la finca y evaluar la tramitación de un expediente de protección.
La historia de la Huerta de Mena se remonta a 1881, cuando fue adquirida por un abogado que construyó la casa principal como residencia de recreo. A lo largo de los años, la finca fue propiedad de diversas personalidades y se convirtió en un punto de encuentro para intelectuales y artistas. Ahora, más de un siglo después, se ha transformado en un símbolo de la batalla vecinal por la preservación del patrimonio frente al urbanismo.



