El Prado estrena formato expositivo con una obra clave de José Aparicio

El Museo Nacional del Prado inaugura una nueva iniciativa centrada en una única obra, comenzando con El año del hambre en Madrid de José Aparicio.

Imagen de una pintura histórica expuesta en una sala de museo.
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Imagen de una pintura histórica expuesta en una sala de museo.

El Museo Nacional del Prado en Madrid ha inaugurado un innovador formato expositivo que se centra en una única obra, comenzando con el lienzo El año del hambre en Madrid de José Aparicio.

La pinacoteca madrileña ha puesto en marcha este lunes una nueva propuesta museística que busca dar protagonismo a una sola pieza. La iniciativa arranca con la exhibición de El año del hambre en Madrid, una pintura de José Aparicio de 1818, que se puede contemplar en la sala 66 del edificio Villanueva.

"Invitar al espectador a contemplar una obra que, más allá de sus méritos estéticos, permita reflexionar sobre aspectos de la historia del arte que a menudo pasan inadvertidos."

Miguel Falomir · Director del Museo Nacional del Prado
Aunque hoy es menos conocido, el cuadro de Aparicio fue en su momento una de las obras más aclamadas del museo. Durante el reinado de Fernando VII, llegó a eclipsar a figuras de la talla de Francisco de Goya y José de Madrazo, según se explicó en la presentación de la muestra. La obra de Aparicio fue la primera en la que se pensó para inaugurar este nuevo formato expositivo.
El lienzo, de 315 por 437 centímetros, representa a un grupo de figuras famélicas que rechazan el pan ofrecido por soldados franceses durante la hambruna que asoló Madrid entre 1811 y 1812. Cuando se presentó en la apertura del Museo Real de Pintura y Escultura en 1819, funcionaba como una alegoría de la “constancia española” y de la fidelidad incondicional al absolutismo de Fernando VII.
La reconstrucción de su ubicación original en el museo, realizada en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, ha permitido profundizar en el episodio fundacional de la institución. Este trabajo también ha revelado el peaje ideológico impuesto por el absolutismo de Fernando VII en un espacio que entonces era de su propiedad.
A partir de 1872, la anexión del Museo de la Trinidad al recién nacionalizado Museo de Pintura y Escultura obligó a reorganizar las colecciones y a descartar obras que no encajaban en los nuevos criterios de selección. El cuadro de Aparicio fue uno de los afectados por esta depuración, que respondía a nuevas sensibilidades estéticas y políticas alejadas del absolutismo fernandino.